6er Etapa - Renovar el bautismo consagrándose al Corazón de Jesús
Renovar su bautismo y consagrarse al Sagrado Corazón de Jesús
La etapa anterior recordaba que Jesús es el consagrado y que nos introduce en su consagración por el bautismo. Esta sexta etapa muestra que la consagración al Corazón de Jesús es una renovación de esta consagración bautismal.
Una consagración es el acto por el cual una persona o una comunidad se entrega de forma total e irrevocable a Dios. Para un bautizado, esto corresponde a la renovación solemne y voluntaria de su consagración bautismal.
Dedicarse al Corazón de Jesús es aceptar el amor de Dios por nosotros y por nuestras familias. Es poner a Jesús en el centro de nuestra vida y así responder al amor de Dios. Es querer ponernos a la escuela de su Corazón: « Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, porque soy manso y humilde de corazón, y encontrarán alivio. » (Mt 11, 28-29). Así, esta iniciativa no es un acto insignificante ni mágico. Es importante prepararse para ella, comprender de qué se trata, y captar sus implicaciones. Este es el propósito de este recorrido.
¿Por qué dedicarse al Corazón de Jesús?
01 Reencontrar la pureza de nuestro bautismo
Por el bautismo, los cristianos son unidos y consagrados a Jesús nuestro Salvador y Señor de toda nuestra vida. La causa principal de la corrupción de la vida cristiana proviene del olvido y la ignorancia de estos compromisos adquiridos en el bautismo. Ahora bien, experimentamos ser débiles y cambiantes. La pureza de esta consagración primera y fundacional es alterada por nuestros pecados y fragilidades, como una fuente que se enturbiara de arena.
La manera de remediar esta situación es recordar las obligaciones asumidas en el bautismo y renovar las promesas del santo bautismo. Necesitamos, en varios momentos de nuestra vida, recibir como una «llamada de atención». Así, cada año, renovamos las promesas de nuestro bautismo durante la Vigilia Pascual.
La consagración al Corazón de Jesús es una oportunidad para nosotros de reencontrar la pureza y la fuerza de nuestra consagración bautismal. Es un nuevo paso en la fidelidad a nuestro bautismo. Es lo que la Iglesia llama un ejercicio piadoso, al igual que el rosario o el vía crucis, por ejemplo.
02 Devolver amor por amor
El mensaje de Paray se puede resumir como un llamado a devolver amor por amor al Señor, que nos ha amado tanto y que solo recibe de nuestra parte ingratitudes e indiferencias. El Señor tiene sed de nuestro amor, como se lo dice a Santa Margarita María: «¡Tengo sed, pero de una sed tan intensa, de ser amado en el Santísimo Sacramento!».»
La consagración es una ofrenda de nosotros mismos en respuesta de amor a ese amor que nos precede, en una entrega más radical de nosotros mismos al Señor y a nuestros hermanos. «Dios me ha amado demasiado como para reservarme de ahora en adelante algo para él», dirá San Claudio La Colombière, resumiendo perfectamente lo que es la consagración.
03 Devenir des apôtres du cœur de Jésus
Este acto es profundamente misionero y apunta a convertirnos en apóstoles encendidos de la dulzura, la humildad y la compasión del Corazón de Jesús, para anunciar al mundo cuánto es amado. Tendremos la oportunidad de volver a ello.
La Virgen María, modelo sublime de consagración
María es la consagrada por excelencia
Siguiendo a su Hijo, María es la consagrada por excelencia, y esto en virtud de dos etapas fundamentales de su vida totalmente entregada a Dios. En primer lugar, por el don de su Inmaculada Concepción, es consagrada desde el primer instante de su existencia. Luego, en el acto de fe libre que realiza en la Anunciación –su fiat– confirma esta consagración con su respuesta a la invitación del Ángel: «He aquí la sierva del Señor» (Lucas 1, 38). Este asentimiento a la llamada de Dios quedará totalmente confirmado en la muerte de su Hijo en la Cruz, donde repite su fiat en el silencio de su corazón invisiblemente traspasado.
Por esta razón, a menudo nos consagramos al Sagrado Corazón de Jesús a través del Corazón Inmaculado de su Madre. Consagrarse a María es el mejor camino para consagrarse a Jesús. Para renovar la consagración a Jesús, San Luis María Grignión de Montfort propone recurrir al más perfecto de todos los medios, que es la Santísima Virgen, ya que fue por ella que Jesús quiso venir a nosotros. Explica que «la perfecta consagración a Jesucristo no es otra cosa que una perfecta y entera consagración de sí mismo a la Santísima Virgen, es decir, una perfecta renovación de los votos y promesas del santo bautismo» (120).
Así pues, para resumir, «nos consagramos todos juntos a la Santísima Virgen y Jesucristo. A la Santísima Virgen como al medio perfecto que Jesucristo ha elegido para unirse a nosotros y unirnos a Él. Y a Nuestro Señor como a nuestro fin último, a quien debemos todo lo que somos como a nuestro Redentor y nuestro Dios». (TVD 125)
En la próxima etapa, entramos en la tercera parte de nuestro recorrido proponiendo una manera sencilla de vivir la consagración.